19
Mar
10

Dédalo

Como el viernes pasado con Botarga, hoy traigo otro término que tiene como origen el nombre de una persona. En este caso se trata de un dédalo. Para aquellos que amamos la historia griega sabemos perfectamente quién fue Dédalo. Era el arquitecto del rey Minos, y entre otros edificios construyó el Laberinto del Minotuaro. Así, debido a la leyenda que corre de él, el nombre de Dédalo se unió para siempre al de laberinto.
Así pues, ya sabemos un sinónimo nuevo para los laberintos.

Enterrado vivo
en un infinito
dédalo de espejos,
me oigo, me sigo,
me busco en el liso
muro del silencio.

Pero no me encuentro.

Palpo, escucho, miro.
Por todos los ecos
de este laberinto,
un acento mío
está pretendiendo
llegar a mi oído.

Pero no lo advierto.

Alguien está preso
aquí, en este frío
lúcido recinto,
dédalo de espejos…
Alguien, al que imito.
Si se va, me alejo.
Si regresa, vuelvo.
Si se duerme, sueño.
“¿Eres tú?”, me digo…

Pero no contesto.

Perseguido, herido
por el mismo acento
-que no sé si es mío-
contra el eco mismo
del mismo recuerdo
en este infinito
dédalo de espejos
enterrado vivo.

Autor: Torres Bodet, Jaime


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